Lo que se consigue con la voluntad

Recientemente leí en un artículo del periódico Cinco Días, en el que decía que 28 despachos de abogados de referencia en España, nacionales e internacionales, se han unido para crear la Fundación Pro Bono España. Su primer objetivo, entre otros, es facilitar la asistencia jurídica a personas y entidades que por razones económicas o de otra índole, tengan dificultades para acceder a dichos servicios.

Inmediatamente lo asocié con la Fundación Dádoris. Pensé: “cuanta materia gris hay al servicio de colectivos sin recursos gracias a la voluntad de personas que se lanzan a la aventura de ayudar al prójimo, sin más ánimo que aportar su granito de arena para una sociedad mejor”.

Maniobran en ámbitos que parecen trillados, pues ya existen abogados de oficio y becas, pero la cruda realidad es que hay un enorme vacío, tanto económico como de asesoramiento, que desanima a este colectivo tan desfavorecido al que se dirigen ambas Fundaciones.

Dádoris maneja finamente un estilo propio creado por su Presidente con la ayuda de sus colaboradores más cercanos, y con una ilusión desbordante. Ese estilo es el fruto de años de trabajo conociendo y apuntado las efectivas necesidades de la sociedad, para luego decidir proveer de forma altruista, pero bien operada, apoyo a jóvenes con el fin de que lleven adelante el sueño de su segunda vida académica, la carrera universitaria, que sin lugar a dudas marcará el resto. Tanta profesionalidad en el proyecto, tanto rigor para entregar lo mejor a universitarios desfavorecidos pero con un gran potencial, es una declaración encubierta de generosidad sobreabundante. Ha debido de ser la forma de vivir de sus fundadores. (A alguno le escuché decir que devolvía a la sociedad lo que la sociedad le había dado. Olvidó decir que a él la sociedad no le regaló nada, todo lo tuvo que ganar con su esfuerzo.)

Y este es el mensaje que la Fundación Dádoris quiere transmitir a sus becados: “te ayudamos pero luego tendrás que devolverlo en generosidad y gratitud a otros, que cómo tú, van a necesitarlo”.
Mi única palabra es *Ánimo,* no os deis por vencidos.

Joaquín Valcarce