El talento Dádoris: el mérito de ayudar al mérito

“El mundo lo mueven las ideas y pocas cosas más”
(John Maynard Keynes)

¿Cuánta gente de origen humilde y alta capacidad intelectual no encuentra la vía de desarrollar plenamente su talento, en beneficio propio y de la sociedad? ¿Qué recompensas logran las sociedades que menos desaprovechan / sub-aprovechan el potencial teórico de sus más talentosos jóvenes? ¿Qué efecto de emulación generaría entre los estudiantes de familias menesterosas saber que gente como ellos, de hogares que no van sobrados de recursos, llega a lo más alto porque se les ayuda, y que se les ayuda porque lo merecen?

Es difícil responder con precisión a esos interrogantes. Pero es seguro que las sociedades de todos los tiempos, incluyendo la española de ahora, cuentan con un filón intelectual de primer orden en sus clases populares, y que este filón no se aprovecha plenamente. Históricamente se ha desperdiciado en su gran mayoría, generación tras generación, siglo tras siglo. Pero cuando algún fuera de serie como el británico Michael Faraday, de familia humilde, encontró la vía de dar de sí lo que su prodigiosa mente podía concebir y alumbrar, la humanidad ganó uno de los mayores científicos de todos los tiempos. En nuestros días, con la escolarización universal, ese desperdicio de materia gris que no nació con cuchara de plata en la boca es menor, pero sigue habiéndolo. Y sea cual sea la respuesta a las preguntas que dan comienzo a estas líneas, lo seguro es que iniciativas como Dádoris ayudan a que se reduzca la brecha que hay en España entre el potencial del talento de origen humilde, y los logros posteriores, reales, de quienes lo poseen.

Hoy, la obra de Dádoris son jóvenes promesas que reciben un singular reconocimiento, a las que se les dice: “tú puedes. Aquí tienes los medios para esforzarte y lograrlo”. Hoy también es alegría para sus familiares por ese mismo motivo, gente buena del pueblo llano, que ve cómo se ayuda a que sus vástagos sean de mayores personas de más provecho. Hoy es, por ende, la satisfacción de los donantes de Dádoris, que generosamente ayudaron a que estos chicos y chicas de origen más humilde no malograran sus capacidades. Mañana, muchos de los que hoy fueron patrocinados serán adultos exitosos, con cuya labor contribuirán a que nuestros hijos y nietos vivan en una sociedad un poco mejor, que ayudarán a su vez a que otros como ellos puedan subir por el ascensor social, al que deben de poder acceder con preferencia los que valgan, sean hijos o no de gente con posibles, y que servirán de ejemplo a los jóvenes de su barrio, de su mismo nivel social de origen. Y, quién, sabe, tal vez alguno de ellos sea en el futuro alguien de gran renombre social por sus obras.

Una cosa más, pero no menos, ya que nobleza obliga. Me descubro ante quienes han concebido, construido y pilotado el proyecto Dádoris. Aunque no en horas 24 como Lope y más de ciento de sus obras teatrales, me consta que sus promotores han sido capaces de poner en pie esta magna obra en un tiempo muy breve. Sé por experiencia personal, la de mi propio fracaso en un empeño similar durante años y años, que no es nada fácil lograr la financiación precisa para fletar un barco carguero de altruismo y buenas intenciones como Dádoris, y que pueda navegar a velocidad de crucero. Enhorabuena por esta iniciativa, y mi admiración por conseguir que pasara en tan poco tiempo de las musas al teatro. Ahora, que Dádoris crezca, dé frutos, sirva de ejemplo y perdure.

 

Autor: Alejandro Macarrón Larumbe
Ingeniero y consultor empresarial
Director de la Fundación Renacimiento Demográfico