Pedro Alonso: Vosotros sois la razón de existir de esta fundación

(Sede Cuatrecasas, Almagro 9, Madrid.  26/III/2019)

Queridos amigos, socios, mecenas, voluntarios, patronos, amigos todos.  Buenas tardes/noches.

Ya sabéis que como aragonés sigo los consejos de Baltasar Gracián sobre que lo bueno si breve, dos veces bueno y a eso añado, por cosecha propia, que lo malo, si breve, la mitad de malo, así que seré breve.

Para comenzar mi intervención me vienen a la mente un crisol de palabras. Todas ellas bellas.

Para empezar: Gracias (por supuesto).  No hay más que ver la generosidad de todos los que hacen factible este proyecto. Gracias a Cuatrecasas, a Sara, a Eva y a  Cani: por su cesión del auditorio, por ayudarnos a redactar los estatutos, por tantas cosas más. A Fernando Beltrán por alumbrar una vida en forma de nombre, al Rector D. Roberto Fernández por presidir hoy este acto y apoyar con sus ánimos desde el principio.

Sería de justicia mencionar, sin rangos ni prioridades, los nombres de todos y cada uno de los que contribuís.  Cada uno con lo que puede y quiere. Pero imagináoslo: 25 socios fundadores, más de 30 colaboradores y voluntarios, más de 80 socios, amigos y mecenas, más de 10 convenios firmados…

De verdad, no os merecéis esa tortura.  Desde Dádoris enviamos un sencillo, cálido e íntimo mensaje de gratitud a todos vosotros.  Pero sabemos, que la mejor gratitud es la que sentís, vosotros mismos con lo que estáis haciendo.

Para seguir, otra palabra, talento (veo y reconozco a muchos amigos y sabéis de mi admiración por vuestro talento, ampliamente demostrado a lo largo de muchos logros). Algunos como empresarios que han creado miles de puestos de trabajo, otros dirigiendo organizaciones importantísimas, otros ayudando como maestros a sacar talento de los chavales, o como padres y madres de familias extraordinarias.

Continuar con esfuerzo (nada relevante habríamos logrado en nuestras vidas sin este elemento),.  ¿Cuánto esfuerzo en todo lo que habéis logrado¡

Y seguiría con otra palabra excelsa, meritocracia (vuestros logros, y lo sé íntimamente, han venido del reconocimiento del talento y del esfuerzo (ninguno habéis heredado o se os ha regalado lo que habéis obtenido en la vida, me consta).

Pero hoy quiero centrarme en la palabra LIBERTAD y su conexión con Dádoris.

Todos los que colaboramos, participamos y ayudamos en Dádoris, lo hacemos libremente.  No estamos obligados por nada ni por nadie. Libremente hemos decidido ayudar a personas a las que no conocemos personalmente.  No esperamos ninguna retribución o compensación de terceros de ningún tipo: económica o social.

La compensación es interior, se queda, por un lado, en nuestro fuero interno. Por un lado como un reconocimiento a nuestros padres,  porque creemos en unos valores que hemos recibido (y que he mencionado anteriormente) y que queremos entregar a nuestros hijos y a las generaciones que nos sucedan.  Son valores que han funcionado, que nos han hecho progresar en paz y justicia.

Porque queremos y podemos ir más allá del cumplimiento de nuestras obligaciones.  Así, por ejemplo, cuando pagamos nuestros impuestos, cumplimos con un deber.  Cuando pedimos ayuda al Estado, ejercemos un derecho.  Incluso lo exigimos. Si una sociedad se construye únicamente o sólo sobre la base de derechos y obligaciones, no estamos construyendo esos lazos afectivos que tienen que estar en la base de todo grupo humano.

Imponiendo obligaciones y exigiendo derechos no puede ser la única base de la convivencia por muy democrático que haya sido el proceso para establecerlos. Si ahogamos el espacio de libertad, ahogamos a las personas y lo que más humanos nos hace.

El orgullo que sentimos participando en Dádoris o en cualquier otro proyecto solidario va más allá del mero cumplimiento de las obligaciones.  Dando, haciendo, nos sentimos más fuertes, orgullosos de nosotros.

Y quiero expresar este mensaje con orgullo pero también con humildad.  Con la humildad que nos recuerda que nuestra labor solo es importante en la medida en que somos capaces de transmitir un legado en mejores condiciones de cómo lo recibimos.  Y nosotros recibimos mucho de nuestros mayores: …democracia, desarrollo económico, una sociedad del bienestar, un espacio de convivencia donde incluso los pensamientos políticos más opuestos dialogaban  y conseguían  acuerdos, un sistema sanitario, educativo y judicial de primer nivel, etc..

¿Seremos nosotros capaces de mejorarlo? Desde la Fundación Dádoris queremos poner nuestro grano de arena.

Y ahora quiero, para terminar, dirigirme a los becarios de la fundación, nuestros queridos becarios: Hugo, Salma, Sara, Ioana y Jesús.

Vosotros sois la razón de existir de esta fundación.  Sois los que le dáis sentido a que toda esta gente que ha venido y los que sin poder venir nos apoyan para construir un país mejor.

Dais sentido en dos perspectivas cronológicas:

A corto plazo, demostrando que sois una realidad que existe y no nos hemos equivocado, que sois merecedores, por vuestro talento y sobre todo por vuestro esfuerzo, de la ayuda que se os brinda.

Sois el ejemplo que tiene que permitir que sigamos creciendo y que más jóvenes en vuestras circunstancias puedan alcanzar sus metas con nuestra ayuda.  Si vosotros falláis, fallaremos todos.   Tengo confianza en aquellas palabras que alguno de vosotros nos dijo: No os preocupéis, estoy  acostumbrada a luchar en esta vida, no fallaré.

Y a largo plazo, porque sois los herederos de esta fundación.  Vosotros, con el tiempo, determinaréis si tiene sentido continuar porque seréis vosotros quienes toméis el relevo si creéis que ha merecido la pena.

Por favor, no nos falléis. Sé que no nos fallaréis.

Y nada más.  Termino con la primera palabra con la que comencé: GRACIAS.

Sobre Pedro Alonso Gil